La búsqueda de la trascendencia a través del cine

Castiñeira de Dios y Orquesta Juan de Dios Filiberto.

Por Julia González, para Fundación El Sonido y El Tiempo.

Entrevista a José Luis Castiñeira de Dios, director de José Bragato – Partituras de su vida, documental del compositor italiano y orquestador de Astor Piazzolla, con quien El Sonido y El Tiempo celebra sus 99 años de música y vida plena. “Nació en Italia y terminó escribiendo música argentina”, resalta el compositor acerca de Bragato.

 

José Luis Castiñeira de Dios estudió antropología en Madrid y en la Universidad de Buenos Aires, fue investigador en la Universidad Nacional del Comahue en la Patagonia hasta que en los ’70 colgó los guantes académicos para dedicarse de lleno a la música. En 1972 fundó Anacrusa, banda de rock folklórico que aun sigue en actividad, y realizó investigaciones sobre el folklore patagónico. Compuso cerca de cuarenta músicas de películas. Su formación clásica como músico y compositor lo llevó a dirigir emblemáticas orquestas como la de Paris, la Sinfónica Nacional de la Argentina y la de Jazz Sinfónica de San Pablo, Brasil. Y así llegaron diversos trabajos pero su búsqueda no cesó. En 2009 filmó Manuel de Falla, músico de dos mundos, su primer largometraje como director y guionista y este año se está presentando José Bragato – Partituras de su vida, un documental que también dirigió. Vivió en Paris y en la Patagonia, fue decano del IUNA, dirigió (y aun dirige) orquestas, compuso la música de históricas películas (El exilio de Gardel, La noche de los lápices, Cautiva, Eva Perón, Las tumbas, La muerte de Sebastián Arache y su pobre entierro, entre muchas otras), tiene bocetos de libros por publicar. Sin embargo, el músico irrumpe en una encendida carcajada ante la pregunta de si le quedan muchas cosas por hacer en su vida profesional: “Miles de cosas, al contrario, creo que siempre me estoy recriminando a mí mismo, como dice el dicho latino ars longa, vita brevis (“el arte es largo, la vida es corta”). Tiene que ver con muchas cosas que uno va acumulando y va tratando de hacer. Tengo pilas de proyectos de películas, por lo menos tres; de obras musicales, ni te cuento; y de libros para escribir, porque justamente he sido muy vago para escribir lo que han sido mis experiencias”, cuenta. Terminó un periodo de su vida en la que fue durante cinco años Director General de Arte en la Secretaría de Cultura de la Nación y goza de “un tiempo infinito que no tenía antes, por eso estoy tratando de ir ordenando toda esta producción”. En el verano planea editar tres o cuatro discos, entre otras acciones creativas que tenía aplazadas.

Hijo del escritor José María Castiñeira de Dios, de quien heredó la sensibilidad artística, el músico hizo su propio camino guiado por un aprendizaje hogareño. “Mi papá vive, tiene 94 años y sin dudas me influyó; él no es una persona vinculada a la música, sino que la que tenía más sensibilidad musical era mi madre, una aficionada. Así que un poco la carrera de música me la construí yo mismo pero el espíritu artístico lo aprendí en mi casa, así como buena parte de tantas otras cosas”, cuenta el compositor.

¿Cuándo empezó a interesarle el cine desde le punto de vista de la dirección?

El cine me apasiona de muy chico, aun cuando yo actuaba como músico. Después pasaron los años y la primera opción tuvo que ver con lo que yo hacía inicialmente. Porque también me interesó el folklore argentino y latinoamericano. Entonces en lo años ‘70 armé un grupo que se llamó Anacrusa, con el que hicimos una larguísima trayectoria y continuamos hasta el día de hoy con muchísimos discos y trabajos, en Europa también. Y por este trabajo en Anacrusa fue que se me acercaron en el año ’75 ó ‘76 dos directores; uno en busca de algo que tuviera ese espíritu de la música folklórica  que yo trabajaba, que se llamaba Nicolás Sarquis, que hizo Sebastián Arache y su pobre entierro, filmada en La Rioja. El otro era Carlos Galettini, era una ficción, y los dos directores estaban interesados en mí como músico. Entones inicié una carrera como compositor en el cine que me llevó a  hacer como cuarenta películas entre largometrajes, más series de televisión, más documentales, en Argentina, Europa y América Latina. Y en ese accionar como músico, terminé de relacionar esas dos expreiosnes artísticas. Y eso me llevó, después de muchos años, hacer un par de intentos que vinculaban mis dos pasiones: la música y el cine.

¿Cómo fue el proceso de dirección del documental de José Bragato?

Eso fue un trabajo conjunto que hicimos con Daniel (Goldstein) porque se trataba entre todos de acompañar esta mirada integral en el punto de la madurez de su carrera y de su vida, y al mismo tiempo respetar esa frescura que tiene el personaje en sí mismo, porque es una personalidad sumamente atractiva como ser humano que tiene una vida riquísima en la que conoció y compartió experiencias humanas con infinidad de artistas y particularmente con Astor Piazzolla, que fue su gran amigo durante muchísimos años. No sólo copiaba su música sino que la orquestaba cuando Astor no tenía tiempo o ganas, y fue quien hizo que buena parte de la música de Astor se convirtiera en música de cámara y fuera tocada por todo el mundo. Bragato inició silenciosamente esa labor por amistad y por amor a la música de Astor. Después, como si esto fuera poco, Astor hizo la gira por Inglaterra con él como primer violoncello. Así que la película lo que quiso mostrar es a este hombre de una vida tan larga y tan plena, y a la vez tan fresco en su relación con la música con el arte y con la creación. Nació en Italia y sin embargo terminó escribiendo música argentina.

¿Qué lo atrae del cine como hecho trascendente para obras y autores?

Me parece interesante que haya películas o programas de televisión o series sobre creadores, sobre músicos. Tenemos una gran cantidad de artistas de una enorme valía que el olvido los alcanza rápidamente. Hay una especie, una forma en que se fagocita la historia del pueblo argentino que cuesta un poco modificar. Yo creo que la audiovisual es la mejor manera de comunicar, la que llega a más gente, indudablemente, y si bien tiene un poco de efímero, también tiene un testimonio de una época mirando la obra de un artista. Por ejemplo, Juan Carlos Guastavino es un artista extraordinario que merecería algo así, Alberto Ginastera también, sin dudas; grandes músicos que ha tenido la Argentina. A mí me parece que la riqueza más grande que tiene la música que se ha hecho en la Argentina es esa enorme variedad, ese eclecticismo, probablemente producto de la inmigración. Eso no ocurre en la mayor parte del mundo. La mayoría de los países están cerrados a la comunicación o a la cultura propia, o centrados en la cultura dominante pero el resto es como que le pasa por el costado. En cambio nosotros hemos tenido una mirada muy rica en distintas expresiones artísticas muy diversas incluyendo las músicas rural regional argentina ó las músicas aborígenes. Entonces todo eso ha hecho de la Argentina un lugar de una gran riqueza musical y un gran y criterio. Y dentro de ese criterio hay numerosos artistas que merecen ser recordados. Nosotros somos hasta resultantes de esas figuras que han sido luminosas en la historia de nuestro pueblo.