Entrevista a Saul Cosentino: Sentir la vanguardia en Buenos Aires

Representante por la MusicArte en el Concurso.

Saul Cosentino, artista invitado y colaborador de El Sonido y El tiempo, se encuentra en el VI Concurso Musical Villa Las Tronas en Cerdeña, Italia, invitado de honor para presidir los conciertos que darán jóvenes músicos italianos interpretando sus obras y las de José Bragato. 

Por Julia González para Fundación El Sonido y El Tiempo

“El 10, 11 y 12 habrá un concurso de instrumentistas italianos de muy buen nivel, estuve viendo los currículums y son todos jóvenes, chicas y chicos violinistas, cellistas, pianistas y clarinetistas que van a dar las conciertos con música mía y de José Bragato”, cuenta Saul Cosentino, que se encuentra en Cerdeña, Italia, donde se está desarrollando el VI concurso Musical Villa Las Tronas, en el marco del proyecto de la Fundación Musicos.ar. “Como van a tocar música mía, el señor Andrea, que está a cargo de esto, tuvo la gentileza de invitarme a que pasáramos unos días allá, alojados en un hotel fantástico de 5 estrellas, donde se lleva a cabo el certamen”, detalla el pianista.

A través del nuevo tango, el original compositor, artista invitado y colaborador de la Fundación, ha participado activamente en los conciertos de Pianorama. Allí supo ofrecer una mirada que excedía esa evolución en la música ciudadana. Y, fiel a su estilo, el pianista expuso sus composiciones tocando a cuatro y a seis manos sus tangos de vanguardia. “Esto es post Piazzolla, que no son los tangos tradicionales del ‘20 ni del ‘30 – dice – Y está Manuel Fraga, que es un excelente pianista de jazz, nos cruzamos con Daniel Goldstein, que toca música clásica, y terminamos tocando a seis manos los tres pianistas”, cuenta el compositor, quien en los ’70 tuvo la dicha de tener un maestro como Astor Piazzolla.

¿Cómo se generó esa relación con Piazzolla?

Te estoy hablando de muchos años atrás, esto fue después de que terminé el secundario. Me puse a estudiar armonía con un maestro y no me gustó. Cambié y así llegué a Carlos García, que era un excelente pianista y fue el director de tango de la ciudad de Buenos Aires desde que se creó la orquesta, hará unos 25 ó 27 años, hasta que falleció, con 92 años. Había escuchado por esa época un disco que Piazzolla había grabado en Francia: bandoneón, piano y orquesta de cuerdas. Y me volvió loco porque me pareció que no tenía nada que ver con el tango tradicional y que era hermoso. Esto me abría una puerta muy importante.

¿Y qué había detrás de esa puerta?

Un día, cuando estudiaba armonía, me puse a componer en esa movida y se lo llevé a mi maestro, Carlos García. Le gustó tanto que me dijo: “esto tiene que escucharlo Astor Piazzolla”, y le dije que me encantaría pero que no lo conocía. “Yo lo conozco – dijo- y voy a hacer que tengas una entrevista con él”. Me conectó y fui a ver a Piazzolla, que tocaba en una radio. Antes en muchas radios se tocaba música en vivo, tenían auditorios y cuando terminaba el concierto se iba la gente y después se iban los músicos. Cuando apareció Piazzolla, que se estaba yendo, me presenté y por supuesto que Carlos García ya le había hablado de mí. Me dijo: “a ver, sentate al piano y tocá eso que tenés”. Yo toqué y después me preguntó si tenía algo más. Le dije que sí, lo toqué medio temblando porque estaba con mucho miedo, y me dio su número de teléfono. Me dijo “llamame y te venís a casa y me traés todo lo que tengas”. Así que para mí fue bárbaro. Fui a la casa, me corrigió toda la música, me dio indicaciones de cómo hacer esto, cómo cambiar de tono, indicaciones muy acertadas, por cierto.

Hay mucho de azar, incluso parece tocado por la varita mágica en ese encuentro con Piazzolla.

Tal cual, porque si hubiera elegido otro maestro, por ahí me decía “qué lindo”, y nada más. Este hombre enseguida me conectó. Y así empecé una relación con Piazzolla; fui a la casa, le llevé varias cosas, me dijo “llamame cuando necesites algo”. Y lo fui llamando. Después lo fui a ver cuando tocaba en algunos lugares para no perder el contacto. Además, era un tipo divino, con una chispa extraordinaria. Y así fue hasta el año 1970 que lo llamé y le dije “Astor – todavía creo que ni lo tuteaba – tengo otra música, me gustaría que la escuchara”. “Venite a casa”. Me fui para la casa y le toqué lo que hoy es el Tango Barroco, uno de mis tangos. Fui con mi mujer, me sentó en el piano, toqué, le di la música para que mirara y dijo: “bueno, por fin acá no tengo nada que decirte, ni corregirte, esto está fenómeno, pero ese título no va”. Y le puse Tango Barroco. Esto fue en 1970 y por eso siempre digo que ese día me recibí de compositor.

Seguramente las enseñanzas que le dejó Piazzolla a nivel musical son innumerables pero ¿cuál recuerda que haya sido la enseñanza fundamental a nivel humano?

Esa enseñanza fue decirme que siguiera estudiando, porque yo había dejado en un momento, y por más que uno compone sin estudios, no tiene nada que ver con lo que podés hacer después, una vez que conocés las obras de los grandes músicos de todos los tiempos. Esa fue su recomendación. Tal es así que en una cartita me puso “te felicito por insistir en ser músico” (se ríe).

Y justamente en esa carta le dice que siente Buenos Aires igual que él, ¿a qué se refería?

¡Sí! Para mí eso fue un cumplido que me lo decís y se me pone la piel de gallina. Yo interpreto que siento que Buenos Aires me hace componer el tipo de música y, aparentemente para él era exactamente lo mismo. Él se dio cuenta de que yo sentía Buenos Aires a su manera, con un mismo tipo de música. No es que yo componía boleros o cumbia villera, yo componía y compongo en una onda parecida a la de él. Es como (Maurice) Ravel y (Claude) Debussy, que son de la misma época. Es la onda, porque conozco muy pocos compositores de tango que hagan esta música.