Entrevista a Rafael Gintoli: Cuando suenan el litoral y la música clásica

Rafael Gintoli

 

Mañana viernes 3 se presentan Chango Spasiuk junto a Rafael Gintoli y el Ensamble Estación Buenos Aires en el Teatro Coliseo (Marcelo T. de Alvear 1125) a las 21.

Por Julia González, para Fundación El Sonido y El Tiempo

Una ovación que parece infinita se desata al término de “Tierra Colorada”, de Chango Spasiuk, interpretada junto a Rafael Gintoli y Ensamble Estación Buenos Aires en el Teatro Colón el año pasado. La unión del chamamé con la música de cámara es posible entre el violinista y el acordeonista y, como si dos mundos otrora lejanos siempre hubieran sido familiares, la convivencia sucede en la mayor de las armonías. Mañana nuevamente tendrán cita en el Teatro Coliseo (Marcelo T. de Alvear 1125) a las 21 los sonidos de estas naturalezas fusionadas, en los que, seguramente, será difícil dejar de aplaudir.

Rafael Gintoli y la Fundación El Sonido y el Tiempo tienen un historial de trabajos en los que se destacan los de índole académico. Juntos impartieron cursos en nuestro país y también en Italia, lugar en el que residió el eximio violinista y donde además se erige la sede europea en Bergamo. “Hemos tenido becarios muy interesantes. La Fundación me ha llevado a distintos puntos para dar los cursos, por ejemplo, a Bariloche, y a otros lugares de Argentina”, cuenta el violinista y reconoce: “en Miami también haremos muchísimas cosas; ésta es una fundación que hace mucha obra”.

¿Cómo surge el vínculo musical con Chango Spasiuk?

Surgió de ambas parte porque a mí me interesó lo que él hacía y a él le pasó lo mismo conmigo; y de una forma tan camarística se logró todo, gracias a la colaboración de Popi Spatocco, que fue el que hizo todos los arreglos para hacer que esa música tan hermosísima y de cierta manera tan popular pudiera terminar siendo ejecutada por músicos de música académica.

¿Habrá alguna sorpresa en el concierto de mañana?

Será lindísimo (se ríe).  Es nuestro repertorio es toda la Suite del Nordeste y él seguramente hará otros números antes con su conjunto. Esto es con mi grupo Estación Buenos Aires.

¿Cómo vive hoy la música, después de tantos años de carrera?

Obviamente es mi vida, no la consideraría sin la música. La carrera, los años, los lugares donde uno transitó o vivió o seguirá estando de alguna manera, son simplemente vida vivida, es parte de un todo. Y yo creo que el músico tiene que ser un individuo itinerante. Para mí el música no puede tocarse solamente en un lugar, no puede uno ser conocido solamente en un lugar o un pueblo; si quiere ser músico, tiene que llevar su música a través del planeta. Es fundamental.

¿De qué manera sucede la dinámica de trabajo en una orquesta?

Una orquesta es la forma más democrática de ser verticalista (se ríe). Es una cosa simple en general. Lo que pasa es que uno tiene que tener una idea muy clara de qué quiere, para llevar a un grupo hacia un punto. O si no es el directo de ese grupo y es el primer violín que lo lleva, tiene que tener las ideas para llevar a ese grupo y también para reconocer y adaptarse a lo que el director diga en ese momento. Es una cosa fundamental, un gran trabajo de ensamblaje y todo tiene que funcionar aceitadamente. Es como cuando hay una familia, un grupo que no funciona exactamente así ya se convierte en algo muy difícil de llevar.